La compañía canadiense presentó el Estudio de Impacto Ambiental de su nuevo proyecto aurífero en la Región de Atacama, una iniciativa estratégica que operaría en sucesión con La Coipa para extender la producción de oro más allá de 2040.
Kinross Gold ingresó al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental el proyecto Lobo-Marte, una operación aurífera a rajo abierto que se desarrollará en las comunas de Copiapó y Tierra Amarilla, en la Región de Atacama. La iniciativa, presentada a nombre de Compañía Minera Mantos de Oro, contempla una inversión de US$1.500 millones y una vida útil de 22 años.
El yacimiento se ubica a unos 170 kilómetros al noreste de Copiapó, a una altitud cercana a los 4.200 metros. El diseño contempla la explotación secuencial de los rajos Marte y Lobo, con una tasa de procesamiento de 35.000 toneladas diarias y tratamiento mediante lixiviación en pilas para producir metal doré. El plan incluye chancado primario, áreas de acopio de mineral, botaderos de estériles y obras eléctricas asociadas.
Lobo-Marte se encuentra cerca de La Coipa y del distrito Maricunga, lo que permitirá compartir infraestructura existente. Según los antecedentes, el proyecto utilizará pozos ya disponibles con un caudal promedio de 66 litros por segundo y recibirá energía a través de una línea de 220 kV. Esta cercanía facilita el uso compartido de agua, campamento, equipos y lógica operativa regional, reduciendo parte de los desafíos logísticos propios de un desarrollo en alta montaña.
En cuanto a recursos, Lobo-Marte concentra 6,7 millones de onzas de reservas probables. La empresa estima una producción de vida de mina de 4,7 millones de onzas equivalentes de oro, con un perfil anual cercano a las 300.000 onzas. Considerando La Coipa, Lobo-Marte y Maricunga, Kinross reporta para Chile 7,1 millones de onzas en reservas y 12 millones de onzas en recursos medidos e indicados.
El proyecto generaría empleo significativo. Durante su fase de construcción, que se extendería por 3,5 años, se requerirían hasta 2.747 trabajadores, mientras que en la etapa de operación, de 16 años, se estima una dotación cercana a los 924 trabajadores. Posteriormente contempla dos años de cierre.
Kinross ha mantenido una posición financiera sólida, con un flujo de caja libre récord de US$2.500 millones en 2025 y US$1.000 millones netos en caja al cierre de ese año. Esta fortaleza respalda su capacidad para avanzar en estudios, ingeniería y permisos de un proyecto de esta escala.
El ingreso al SEIA se produce en un contexto de escrutinio regulatorio exigente. El proyecto se emplaza en una zona ambientalmente sensible, cercana al Parque Nacional Nevado Tres Cruces, lo que implica una revisión detallada de los efectos sobre agua, biodiversidad, glaciares y sistemas de vida locales. Por estos motivos, el expediente requiere un Estudio de Impacto Ambiental completo y no una Declaración de Impacto Ambiental.
La compañía había realizado previamente participación ciudadana temprana, con actividades presenciales y difusión digital enfocadas en Copiapó, Tierra Amarilla y comunidades Colla cercanas. Esta aproximación busca fortalecer el vínculo con el territorio antes del proceso formal de evaluación.
Lobo-Marte representa una pieza estructural para Kinross en Chile. Junto a La Coipa, operados en sucesión, permitirían sostener la producción chilena de la empresa más allá de 2040. En marzo, La Coipa cumplió su guía 2025 con 231.770 onzas equivalentes de oro y tiene una meta de 210.000 onzas para 2026. La empresa también avanza en la extensión de vida útil de La Coipa y Purén.
Comparado con el estudio de prefactibilidad de 2020, que estimaba US$995 millones de inversión, 15 años de vida útil y 147 millones de toneladas procesadas, el actual proyecto muestra un rediseño con mayor escala y un aumento en el capex, reflejo de las condiciones del sector en los últimos años.
Con el ingreso del EIA comienza la fase de evaluación ambiental y social. Kinross deberá demostrar cómo gestionará los impactos en un territorio exigente, donde el uso del agua y la protección ambiental ocupan un lugar central en el debate público. El resultado de este proceso definirá no solo el futuro de Lobo-Marte, sino también la continuidad operativa de la compañía en una de sus plataformas históricas en Chile.
