La visita oficial del presidente estadounidense a China concluyó sin compromisos concretos sobre los minerales estratégicos que dominan la defensa, las energías renovables y los semiconductores, prolongando la incertidumbre en el sector minero e industrial.
Donald Trump aterrizó en Washington sin el acuerdo que la capital estadounidense más necesitaba. A pesar de que la visita oficial a Beijing culminó con declaraciones de éxito diplomático general, las reuniones finalizaron con cero compromisos concretos sobre tierras raras, el mineral estratégico que define el control de la cadena de suministro de la defensa, la energía renovable y los semiconductores para las próximas décadas. Para el sector minero global, esta ausencia de acuerdos prácticos posee un peso mayor que cualquier comunicado conjunto. Lo que no se firmó en Beijing define el riesgo más grande de 2025.
China controla actualmente cerca del 60% de la extracción mundial de tierras raras y aproximadamente el 85% de la capacidad de procesamiento global. Ante estos números, la administración de Trump llegó a Beijing con la necesidad explícita de reducir dicha dependencia o asegurar un acceso preferencial, pero regresó sin garantías de ningún tipo. No se alcanzó un acuerdo de suministro a largo plazo, no se diseñó un mecanismo de precios y tampoco se fijó un calendario de negociaciones técnicas. Desde la perspectiva industrial, un éxito real en la materia hubiese requerido acceso garantizado a volúmenes específicos de óxidos de tierras raras, la reducción de las restricciones de exportación que China implementó desde 2023, o un marco bilateral que mermara la incertidumbre para los fabricantes estadounidenses; sin embargo, ninguno de los tres escenarios ocurrió.
El contexto que vuelve más costosa esta falla está ligado al endurecimiento de las medidas por parte de Beijing. China comenzó a restringir las exportaciones de galio, germanio y grafito en agosto de 2023, ampliando la medida en diciembre de ese mismo año a la tecnología de procesamiento de tierras raras. Para inicios de 2025, las restricciones se extendieron a siete elementos adicionales del grupo de tierras raras pesadas, entre ellos el disprosio y el terbio, componentes críticos para imanes permanentes utilizados en motores de vehículos eléctricos y sistemas de guía militar. Según el reporte de 2024 del Departamento de Defensa de Estados Unidos, la dependencia en estos elementos representa una vulnerabilidad de seguridad nacional de primer orden, considerando que un solo avión F-35 requiere unas 900 libras de tierras raras, y que los sistemas de misiles hipersónicos, radares avanzados y satélites militares dependen de insumos que hoy pasan mayoritariamente por refinerías chinas.
El mercado cotizó el fracaso antes de que el mandatario abordara el avión de regreso. Los precios del óxido de neodimio-praseodimio registrarion alzas moderadas tras la visita, interpretando que la falta de firmas prolonga la incertidumbre. Esto fuerza a los compradores industriales a sostener las estrategias de acumulación preventiva que iniciaron en el primer trimestre de 2025. Este fenómeno eleva los precios a corto plazo y distorsiona la señal de demanda real, complicando las decisiones de inversión en proyectos fuera de China. Debido a que un proyecto tarda entre siete y doce años desde la exploración hasta la producción comercial, las decisiones que no se ejecuten entre 2025 y 2026 no generarán suministro antes de 2034.
Por otra parte, la narrativa de fortaleza de Washington respecto a su inventario doméstico se muestra limitada en la ejecución. Si bien MP Materials opera Mountain Pass en California (la única mina activa en suelo estadounidense), Lynas Rare Earths avanza en una planta en Texas con financiamiento del Departamento de Defensa y Energy Fuels desarrolla capacidad de separación en Utah, existe un problema estructural: procesar tierras raras es diferente a extraerlas. Actualmente, MP Materials envía su concentrado a China para su refinación final porque Estados Unidos no posee capacidad de separación y refinación a escala comercial competitiva. Pese a que el Congreso aprobó financiamiento mediante la Ley de Infraestructura de 2021 y la Ley de Reducción de Inflación de 2022, las iniciativas enfrentan trabas regulatorias asociadas a los residuos radiactivos (como el torio y el uranio regulados por la Comisión Regulatoria Nuclear) y permisos de agua en estados áridos como Nevada y Utah, obstáculos que no se resuelven en el corto plazo mediante decretos ejecutivos.
Fuentes cercanas a las negociaciones sugieren que China mantuvo las restricciones de exportación como una palanca de presión ante disputas comerciales más amplias, como los aranceles sobre manufactura. Beijing entiende que las tierras raras son su carta más fuerte y decidió no jugarla en esta visita, dejando en claro que no cederá acceso mientras los aranceles de Estados Unidos permanezcan en los niveles actuales.
Ante este vacío, surgen ganadores involuntarios fuera del territorio chino. Australia se consolida como el proveedor estratégico preferente para Estados Unidos, Japón y la Unión Europea a través de la empresa Lynas, habiendo firmado ya acuerdos de colaboración con Washington y Bruselas. Canadá, por su parte, posee reservas significativas en Ontario, Quebec y el Ártico, pero su producción comercial está lejos debido a debates regulatorios y consultas previas con las Primeras Naciones en el Escudo Canadiense. Brasil cuenta con el segundo depósito de tierras raras más grande del mundo, pero su capacidad de procesamiento es marginal y la distancia entre el conocimiento geológico de la estatal CPRM y la producción comercial suele tomar décadas en su contexto político.
La ironía estructural es que Estados Unidos requiere urgencia para construir una capacidad doméstica que sus propias leyes ambientales y regulatorias hacen difícil de acelerar rápidamente. Para los ejecutivos mineros, analistas de Toronto y contratistas de defensa, la falta de resultados en Beijing se traduce en la prolongación de la incertidumbre de contraparte y la extensión del camino hacia los contratos de suministro a largo plazo. Trump concluyó su visita con palabras amables, pero sin el único papel que la industria necesitaba ver.


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