El precio del oro registró un rally semanal del 7% y consolidó un valor de 4.300 dólares por onza en los mercados internacionales. El incremento estuvo impulsado por los decepcionantes datos de empleo en Estados Unidos, la caída del dólar y el avance de las expectativas sobre un próximo recorte de tasas por parte de la Reserva Federal (Fed) en su reunión de septiembre, probabilidad que superó el 70% según el indicador de CME.
El repunte del activo se apoyó en tres pilares de demanda física e institucional, descartando un origen especulativo. En primer lugar, el Banco Popular de China y entidades monetarias emergentes —como la de India— mantuvieron su estrategia de diversificación de reservas fuera del dólar, sumado al flujo comprador minorista chino frente a la debilidad de su sector inmobiliario y tasas domésticas en mínimos. Asimismo, los fondos de inversión institucionales reconstruyeron sus posiciones largas netas en el mercado de futuros COMEX y el ETF SPDR Gold Shares registró ingresos netos.
En el plano de la oferta, los reportes del Consejo Mundial del Oro (WGC) y del USGS señalan que la producción minera global no cuenta con capacidad de respuesta rápida para equilibrar la demanda, dado que el desarrollo de nuevos yacimientos requiere entre siete y doce años. Este escenario de precios elevados impactó de forma directa en los márgenes de los productores de América Latina, con repercusiones favorables en las operaciones y la generación de caja en países como Perú, Chile y Ecuador.


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