Oro recupera terreno tras dos sesiones en rojo: posicionamiento limpio y alto el fuego EE.UU.-Irán frenan la caída

El metal encontró soporte cerca de los 3,280 dólares por onza en COMEX después de ceder un 2.5% en las jornadas previas. Analistas señalan que la corrección depuró el exceso especulativo y dejó un mercado más saludable para el próximo movimiento.

El oro frenó su caída este martes después de dos sesiones consecutivas en rojo, apoyado en la extensión del alto el fuego entre Estados Unidos e Irán y en una corrección técnica que el mercado venía necesitando. El metal cotizó alrededor de los 3,280 dólares por onza en COMEX, recuperando terreno tras perder cerca del 2.5% en los dos días previos. El movimiento confirma lo que buena parte de los operadores ya sospechaba: la presión vendedora que se acumuló durante el rally de las últimas semanas comenzó a ceder, dejando un posicionamiento más saludable para lo que viene.

La extensión del alto el fuego entre Washington y Teherán redujo la prima de riesgo geopolítico que había impulsado parte del rally reciente. En términos directos, cuando el miedo cede, el oro cede con él. Pero la corrección no fue desordenada. Los dos días de caída resultaron moderados, controlados, sin liquidaciones masivas ni señales de pánico institucional.

Darwei Kung, director de commodities y gestor de portafolios en DWS Group, lo sintetizó con precisión: el posicionamiento actual en oro es significativamente más limpio que antes. La frase condensa mucho. Cuando el posicionamiento estaba cargado de posiciones especulativas largas en contratos de futuros, cualquier noticia negativa podía detonar liquidaciones en cadena. Ahora hay menos exposición especulativa, lo que significa que el mercado bajó la guardia en el buen sentido, sin el exceso que hace vulnerables los rallies.

En los mercados de futuros de COMEX, las posiciones netas largas no comerciales —el dinero especulativo— habían alcanzado niveles elevados durante el rally que llevó al oro por encima de los 3,100 dólares en el primer trimestre. Ese exceso creaba un riesgo claro: una corrección rápida ante cualquier detonante. La corrección llegó, moderó el exceso, y ahora el mercado tiene menos presión vendedora latente. Eso no garantiza una recuperación inmediata, pero sí reduce la probabilidad de una caída abrupta. Para los fondos institucionales que monitorean el ratio de posicionamiento, la señal es constructiva. Para los productores que manejan estrategias de cobertura a plazo, el contexto actual permite pensar en ventanas de precio más estables que hace tres semanas.

El factor técnico también interviene: el oro encontró soporte cerca de su media móvil de 20 días, un nivel que los algoritmos de trading respetan. La recuperación desde ese punto no fue espectacular, pero fue ordenada. En los mercados de metales preciosos, el orden importa tanto como la dirección.

El conflicto entre Washington y Teherán tiene capas que un cese al fuego temporal no resuelve: el programa nuclear iraní, las tensiones en el estrecho de Ormuz y la influencia regional a través de grupos proxy. Ninguno de esos factores desapareció con el anuncio. Lo que cambió fue la temperatura inmediata del conflicto, no su estructura. Para el oro, eso significa que la prima geopolítica puede regresar con rapidez. La historia reciente es clara: cada vez que el mercado asumió que el riesgo geopolítico había cedido definitivamente, el metal rebotó antes de lo esperado ante una nueva escalada. El alto el fuego actual detiene la caída, pero no define el techo del ciclo.

Lo que queda como soporte no es la geopolítica —volátil por naturaleza— sino los fundamentos estructurales que llevan meses construyendo el piso del metal. El verdadero ancla del oro en 2024 y 2025 fueron los bancos centrales. De acuerdo con datos del World Gold Council, las compras netas de bancos centrales representaron alrededor del 24% de la demanda global en 2024, el nivel más alto en décadas. China, India, Polonia, Turquía y varias economías emergentes continuaron acumulando reservas en oro como mecanismo de diversificación frente al dólar. Ese flujo no se detiene por un alto el fuego. No responde a los ciclos especulativos de COMEX. Funciona con una lógica distinta: es compra estratégica de largo plazo, independiente del precio inmediato. Los bancos centrales no venden cuando el posicionamiento especulativo se limpia; siguen comprando. La demanda de inversión también muestra señales de recuperación. Los ETFs respaldados en oro registraron entradas netas en el primer trimestre de 2025 después de dos años de salidas. Cuando el dinero institucional regresa a los fondos físicos, el soporte se vuelve más amplio y estructural.

En el frente cambiario, el índice DXY —referencia del dólar contra una canasta de divisas principales— cotizó con ligera debilidad durante la jornada, lo que contribuyó a que el metal recuperara terreno. La correlación inversa entre el oro y el dólar es una de las más consistentes en los mercados de commodities: cuando el dólar pierde fuerza, el oro se abarata para compradores en otras divisas, lo que aumenta la demanda y presiona el precio al alza. La Reserva Federal mantiene por ahora una postura de pausa en su ciclo de tasas. Si bien el mercado no descontaba recortes agresivos en el corto plazo —lo que le restó combustible al metal durante el primer trimestre—, la expectativa de que la Fed recortará tasas en la segunda mitad del año sigue activa en los mercados de futuros de tasas, y esa narrativa es alcista para el oro en el mediano plazo. Si la inflación en Estados Unidos muestra resistencia, como sugieren algunos datos recientes de precios al productor, la Fed puede verse forzada a retrasar los recortes, lo que complicaría el escenario para el metal a corto plazo. Pero si la economía estadounidense desacelera más rápido de lo previsto, los recortes llegarán antes y el oro tendría el catalizador que necesita para retomar el camino hacia nuevos máximos.

Para los principales productores de oro en América Latina —Perú, México, Brasil, Colombia y Argentina— el nivel actual de precios sigue siendo favorable frente a los costos de producción históricos. El AISC promedio en la región oscila entre 1,100 y 1,400 dólares por onza dependiendo del perfil mineralógico y la infraestructura del proyecto. Con el metal por encima de los 3,200 dólares, los márgenes operativos son amplios incluso para operaciones de mediano costo. El riesgo para los productores regionales no viene del precio —todavía—, sino del tipo de cambio y de la presión regulatoria local. En México, el peso fuerte frente al dólar durante varios trimestres redujo los ingresos en moneda local de exportadores cuya estructura de costos opera en pesos. En Perú, los conflictos sociales siguen siendo el mayor inhibidor de producción, independientemente del precio internacional.

El posicionamiento limpio que DWS Group identifica en el mercado global es una señal de madurez en el ciclo, no de agotamiento. El oro necesitaba bajar la temperatura especulativa para construir el próximo movimiento sobre bases más sólidas, y eso es exactamente lo que ocurrió esta semana. La pregunta que los operadores se hacen ahora no es si el metal rebotará, sino desde qué nivel y con qué catalizador. El alto el fuego le dio el piso. Lo que venga después depende de la Fed, del dólar y de si los bancos centrales mantienen su ritmo de compra. Por ahora, las tres variables apuntan en la misma dirección.

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