Un informe conjunto de la UIA y la CAEM revela que los futuros proyectos demandarán volúmenes masivos de energía, acero e insumos químicos, lo que obliga a expandir la red industrial en 16 provincias para evitar la dependencia externa en rubros críticos.
Las proyecciones de crecimiento para el cobre y el litio en Argentina prevén inversiones por USD 55.000 millones, un flujo de capitales que ya modifica el mapa de proveedores industriales antes de que los yacimientos entren en producción plena. Un relevamiento presentado por la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), con asistencia técnica del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), señala que la actividad demanda servicios de empresas metalúrgicas, laboratorios, constructoras y firmas químicas distribuidas en 16 provincias, extendiendo el impacto económico más allá de las jurisdicciones cordilleranas tradicionales.
El informe detalla que el cobre requerirá desembolsos por USD 40.000 millones con el objetivo de alcanzar una producción de 1,25 millones de toneladas hacia 2040, impulsado por proyectos como Taca Taca, El Pachón, MARA y Josemaría. Por su parte, el litio proyecta USD 15.000 millones en inversiones para producir 400.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE) hacia 2035, con una capacidad instalada teórica de 517.000 toneladas sostenida por yacimientos como Fénix, Sal de Oro, Cauchari-Olaroz y Rincón. Esta escala operativa demandará anualmente 470 millones de litros de diésel, 2 GW de electricidad continua y 1,2 millones de toneladas de cal para el cobre, mientras que cada proyecto de litio requerirá unas 8.000 toneladas de acero estructural y 35.000 metros cúbicos de hormigón durante su etapa de construcción.
A pesar de que el estudio identifica oferta nacional en 73 de los 91 rubros analizados, persisten áreas con fuerte dependencia externa. La provisión de maquinaria pesada, excavadoras, camiones de carga, molinos SAG y chancadores continúa bajo el dominio de fabricantes internacionales. Asimismo, el sector químico presenta un punto crítico debido a la existencia de un único proveedor argentino de soda ash, insumo esencial para el procesamiento de los minerales. Las cámaras empresarias destacaron que las firmas locales cuentan con experiencia previa en sectores de alta exigencia como el petrolero, gasífero, nuclear y automotriz, lo que facilita el cumplimiento de estándares técnicos y ambientales, aunque advirtieron sobre la necesidad de coordinar redes interprovinciales para evitar la fragmentación de la oferta.
La participación de la industria nacional varía según la fase del proyecto minero. Durante la exploración, las tareas de topografía, geología y perforación traccionan la actividad de firmas radicadas en San Juan, Jujuy, Salta, Santa Fe, Mendoza y la Ciudad de Buenos Aires, incluyendo laboratorios locales que compiten con corporaciones multinacionales. En la etapa de construcción, la demanda de estructuras metálicas, hormigón y módulos habitacionales dinamiza a empresas de Cuyo, Buenos Aires, Córdoba, Catamarca, Neuquén y la región del NOA. Para optimizar la logística y la respuesta operativa, las compañías mineras estructuran sus compras en cuatro niveles de prioridad: la comunidad cercana a la mina, la provincia anfitriona, los proveedores nacionales y, en última instancia, las empresas extranjeras.


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