Para llegar al corazón del sistema eléctrico de Buenos Aires, hay que trasladarse a uno de los bordes de la ciudad. Al final de la avenida España, más allá de la Reserva Ecológica y el asentamiento Rodrigo Bueno, asoma la Central Térmica Costanera, un complejo de 24 hectáreas a la vera del río con su propio muelle y división de bomberos. Desde este gigante escondido, se genera la energía que consumen la mitad de los usuarios de Edesur y se inicia el circuito de distribución en un distrito donde la demanda eléctrica crece año tras año, lo mismo que los cortes de luz.
En lo que va de 2015, ya hay 1000 trámites iniciados por denuncias de cortes de luz, según datos de la Defensoría del Pueblo de la ciudad. La cifra trepa a 10.000 si se tienen en cuenta consultas y asesoramientos del organismo.
Central Costanera es una de las unidades de negocios del holding italiano ENEL, que también posee la central térmica Dock Sud, en la provincia de Buenos Aires, y la central hidroeléctrica El Chocón, en Neuquén. Además, son distribuidores de energía a través de su otra unidad, Edesur.
El complejo ubicado en Costanera Sur es el más grande de la Argentina y América del Sur de su tipo, con una capacidad energética de 2300 megavatios -el equivalente a un millón de aires acondicionados en funcionamiento-, aunque no opera al 100%. En la actualidad, genera menos de 1800 megavatios (un 78% de su capacidad) en una ciudad con una demanda total de 8000. Sin embargo, no trabaja exclusivamente para ésta, si no que aporta al Sistema Interconectado Nacional (SADI), el cual permite la circulación de energía entre las provincias.
«Nosotros tenemos 2300 megavatios instalados, pero no producimos esa cantidad porque hay máquinas en mantenimiento», aseguró Roberto Fagan, gerente general de la central en una recorrida por el lugar junto con La Nación.
Por máquinas, se refiere a once turbinas que funcionan tanto a gas, como a gasoil, fueloil, vapor o mediante un sistema denominado «ciclo combinado», en el que las emanaciones del gas son reconvertidas a vapor para seguir siendo utilizadas. Los equipos, gigantes con formas de cilindro que van desde los l5 metros de largo hasta los 35, funcionan las 24 horas, los 365 días del año. Entre dos y cinco personas, los monitorean constantemente en turnos de seis horas. En total, 390 personas trabajan para que millones de ciudadanos reciban energía.
