La desinversión de casi 1.000 kilómetros de redes eléctricas marca el paso de un modelo de autoabastecimiento defensivo a la externalización de activos no mineros en un mercado maduro.
La multinacional BHP tomó la decisión estratégica de desprenderse de cerca de 1.000 kilómetros de líneas de transmisión eléctrica en Chile. Lejos de responder a una debilidad financiera o a presiones de corto plazo, la medida expone una reconfiguración de cartera orientada a concentrar recursos exclusivamente en su negocio central: la extracción y el procesamiento de cobre. La venta activa un precedente para que otras grandes operadoras del sector, como Anglo American, Codelco y Antofagasta Minerals, repliquen la desinversión de sus activos periféricos.
Durante décadas, las compañías mineras en el norte chileno se vieron obligadas a construir su propia infraestructura de generación y transmisión ante la falta de un suministro energético confiable en regiones como Antofagasta y Atacama. Esta inversión, calificada por especialistas como defensiva, dejó de ser necesaria debido a la maduración del sistema eléctrico de ese país, el cual consolidó una red nacional más robusta y diversificada con una alta participación de energías renovables, solar y eólica. Con este cambio estructural, los activos de transmisión pasaron a ser capital inmovilizado.
Desde una perspectiva analítica y financiera, la migración hacia el enfoque en el core business responde también a las exigencias de los mercados internacionales de capitales (como Londres, Toronto y Nueva York). Los inversores buscan exposición directa a minerales como el cobre o el litio, y castigan la permanencia de infraestructura secundaria en los balances mediante el denominado «descuento de conglomerado». Al transferir estas redes a operadores especializados y fondos de infraestructura internacionales, BHP simplifica su balance y libera capital para optimizar sus operaciones principales en yacimientos de clase mundial como Escondida y Spence.
Este movimiento sectorial genera un «efecto demostración» inmediato en la industria. Codelco, la cuprífera estatal chilena, opera actualmente puertos, plantas de energía y sistemas de agua que podrían ser sujetos de externalización, aunque bajo restricciones de debate político debido a su naturaleza pública. Por su parte, Anglo American —focalizada en la expansión subterránea de Los Bronces—, Teck Resources —en el desarrollo de Quebrada Blanca Phase 2— y Antofagasta Minerals cuentan con incentivos y perfiles de disciplina de capital idóneos para racionalizar sus activos de soporte.
La tendencia observada en el sector eléctrico traza además el camino para el futuro del abastecimiento hídrico. En la actualidad, más del 70% de los proyectos mineros nuevos o en expansión en el norte de Chile incluyen plantas desalinizadoras para mitigar la escasez estructural. Siguiendo la lógica del nuevo modelo de negocios, se prevé que estas millonarias obras de infraestructura hídrica sean transferidas a operadores especializados una vez que dicho mercado alcance la madurez necesaria.
Para la economía chilena, donde la minería representa cerca del 15% del Producto Interno Bruto (PIB) y más del 60% de las exportaciones, la especialización busca incrementar la competitividad frente a productores globales como Australia, Perú y la República Democrática del Congo. El actual entorno político, caracterizado por un énfasis en la estabilidad regulatoria y con la estructura del royalty minero ya asimilada por las corporaciones, ofrece la certeza jurídica requerida para dinamizar este mercado de adquisición de infraestructura regional.


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