Aunque los precios del níquel alcanzaron picos históricos en 2022, desde entonces han bajado, pero el metal sigue siendo clave en la industria de baterías para autos eléctricos, con inversiones que superan al litio en valor.
Los precios del níquel, al igual que los del litio y el cobalto, han vivido una montaña rusa en los últimos años, impulsados inicialmente por las expectativas de una demanda explosiva de materiales para baterías de vehículos eléctricos (VE). Sin embargo, tras picos vertiginosos, los valores han comenzado a estabilizarse, reflejando una realidad más moderada en el mercado.
En marzo de 2022, dos actores destacados del comercio de metales, Paul Singer del fondo Elliot y Xiang Guangda de Tsingshan, protagonizaron un enfrentamiento que elevó el precio del níquel por encima de los 100.000 dólares por tonelada en cuestión de minutos. Este episodio generó operaciones canceladas por más de 12.000 millones de dólares, demandas judiciales y cambios en la Bolsa de Metales de Londres (LME), pero su impacto en el mercado fue efímero. El sulfato de níquel, ingrediente clave en las baterías de VE, alcanzó en ese momento más de 30.000 dólares por tonelada, pero desde entonces ha bajado a un promedio de unos 17.000 dólares en el segundo trimestre de 2023.
A diferencia del metano del litio, cuyos precios se desplomaron desde máximos de más de 80.000 dólares en noviembre de 2022 a unos 8.450 dólares en junio pasado, los inversores en níquel han tenido una trayectoria más estable. Aunque los valores han disminuido, el níquel sigue siendo un metal estratégico para las baterías de autos eléctricos, incluso más valioso que el litio en este contexto.
Las cifras respaldan esta tendencia. Entre enero y mayo, el valor de las toneladas de litio destinadas a VE, incluyendo híbridos, alcanzó los 2.150 millones de dólares, mientras que el consumo de níquel en baterías en lo que va del año supera los 2.200 millones de dólares, según datos de Adamas Intelligence, con sede en Toronto. Esto evidencia que, a pesar del auge de baterías sin níquel, como las de fosfato de hierro y litio (LFP), el níquel sigue siendo un activo clave, con una presencia en crecimiento: las baterías LFP representan cerca de la mitad de la capacidad instalada en 2023, frente a menos del 1% a principios de la década.
En conclusión, aunque los precios del níquel se han moderado tras su pico, el metal mantiene su importancia en la industria de los vehículos eléctricos, consolidándose como una inversión relevante en un mercado en constante transformación.
