El Gobierno nacional se comprometió a dar trato preferencial a las solicitudes de inversión norteamericanas en litio y cobre. El acuerdo busca posicionar a Estados Unidos como socio prioritario y desplazar la influencia de China en el sector minero.
En un giro estratégico que redefine el tablero minero nacional, Argentina y Estados Unidos sellaron un compromiso clave para acelerar el desembarco de capitales norteamericanos en el sector de los minerales críticos. A través de un capítulo específico en el reciente acuerdo binacional, la administración argentina aceptó impulsar y agilizar las solicitudes de empresas estadounidenses que busquen adherirse al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI).
El objetivo central de este apartado es facilitar el ingreso de divisas y tecnología para el desarrollo del litio y el cobre, dos recursos que el Gobierno de Donald Trump considera vitales para la seguridad económica y tecnológica de su país.
El RIGI como puerta de entrada preferencial
Según el documento oficial difundido por Washington, Buenos Aires se compromete a otorgar un «trato preferencial» a los proyectos elegibles presentados por firmas estadounidenses bajo el marco del RIGI. Este régimen ofrece una serie de incentivos fiscales, aduaneros y beneficios administrativos diseñados para atraer inversiones de gran escala que, de otro modo, podrían verse desalentadas por la volatilidad local.
Actualmente, el escenario de inscripciones muestra una paradoja: aunque firmas occidentales que cotizan en la Bolsa de Nueva York ya buscan aprovechar estas ventajas, no hay compañías con sede exclusiva en Estados Unidos que hayan registrado proyectos formalmente. No obstante, el acuerdo pavimenta el camino para que esto cambie en el corto plazo, priorizando a EE. UU. sobre otros competidores globales.
Geopolítica de los minerales críticos
La mención explícita de priorizar a Estados Unidos como socio comercial —tanto en la extracción primaria como en el procesamiento final— es interpretada como un fuerte gesto geopolítico. Washington busca consolidar bloques comerciales que funcionen como contrapeso a economías que, según su visión, “manipulan el mercado”, en una clara referencia a la presencia de capitales chinos en la región.
En este sentido, el acuerdo subraya que Argentina no solo facilitará los trámites administrativos, sino que también trabajará en conjunto con las administraciones provinciales para:
- Remover obstáculos burocráticos respetando las autonomías locales.
- Fomentar la inversión pública en infraestructura minera (caminos, energía y logística).
- Fortalecer el acceso de las empresas norteamericanas a los yacimientos más prometedores.
El desafío de la infraestructura
Uno de los puntos más destacados es el compromiso de mejorar la infraestructura necesaria para que los proyectos sean viables. La falta de conectividad en las zonas de alta montaña (donde se encuentra el cobre) y en los salares de la Puna (litio) sigue siendo el principal cuello de botella. El acuerdo prevé que el fortalecimiento de estas redes sea una prioridad para garantizar la salida de los minerales hacia los mercados internacionales.
Con esta firma, Argentina se alinea con la política de «resiliencia de cadenas de suministro» de la Casa Blanca, apostando a que el RIGI sea la herramienta definitiva para transformar el potencial geológico del país en una realidad industrial de alcance global.
