En una jornada de alta volatilidad, el oro retrocedió un 6% intradía tras tocar máximos de varias semanas. Pese a su rol histórico de refugio ante el conflicto entre EE.UU. e Irán, los inversores privilegiaron el efectivo y el billete verde, mientras el encarecimiento del crudo reaviva los temores de una inflación persistente.
El oro, tradicional puerto seguro en tiempos de guerra, vivió este martes una sesión paradójica. A pesar del recrudecimiento de las tensiones en el Estrecho de Ormuz, el metal al contado registró una caída cercana al 4% al cierre, marcando su nivel más bajo desde el 20 de febrero.
Esta corrección, lejos de significar una pérdida de confianza estructural en el activo, responde a una dinámica de mercado clásica en momentos de estrés extremo: la búsqueda de liquidez inmediata. Ante el desplome de las bolsas globales, muchos operadores se vieron obligados a vender posiciones en oro para cubrir pérdidas en otros sectores o simplemente para «hacer caja» tras un 2025 de ganancias extraordinarias.
El dólar y las tasas: los rivales del metal dorado
Dos factores técnicos inclinaron la balanza en contra del oro durante la jornada:
- Fortaleza del dólar: La divisa estadounidense se consolidó como el refugio preferido, encareciendo el oro para los compradores internacionales.
- Rendimiento de los bonos: Los retornos de los bonos del Tesoro subieron por segunda sesión consecutiva. Al ser un activo que no paga intereses, el oro pierde atractivo cuando las tasas de referencia prometen mantenerse elevadas por más tiempo.
Este último punto está directamente ligado al petróleo. El salto en los precios del crudo alimenta la expectativa de una inflación más alta y duradera, lo que obligaría a la Reserva Federal a postergar cualquier recorte de tasas, restándole soporte al metal.
Impacto en el sector minero y metales industriales
La onda expansiva de la caída no fue exclusiva del oro. El complejo de metales preciosos se movió en bloque hacia abajo:
- Plata: Sufrió un retroceso más pronunciado, llegando a operar por debajo de los u$s80 por onza en algunos tramos del día.
- Platino y Paladio: También registraron descensos relevantes, reflejando el sesgo hacia la desinversión en activos físicos.
Para la industria minera, este escenario plantea un desafío doble. Si bien el precio promedio del oro en 2026 sigue siendo históricamente alto, el repunte del petróleo encarece costos críticos como el diésel, el transporte y los reactivos. Empresas líderes como Fresnillo, el mayor productor de oro en México, deben navegar este ciclo de precios altos con una disciplina operativa estricta para no ver licuados sus márgenes por la inflación de costos.
Fundamentos sólidos a largo plazo
A pesar del «traspié» del martes, el Consejo Mundial del Oro reportó que la demanda estructural superó las 5.000 toneladas en 2025, impulsada por las compras sostenidas de los bancos centrales.
Este respaldo institucional sugiere que, una vez que se estabilice la urgencia por liquidez, el oro podría recuperar su tendencia alcista. «El mercado no le quitó el carácter de refugio al oro, solo lo postergó por unas horas para priorizar el efectivo», coinciden analistas del sector. En un contexto de guerra prolongada y shock energético, el metal dorado sigue siendo una pieza ineludible en la arquitectura de cualquier portafolio de inversión.
