El gobierno intensificó contactos con grandes grupos chinos para fomentar inversiones en minería, energías renovables, almacenamiento y tecnología industrial, con foco en empleo, transferencia tecnológica y transición energética.
El gobierno de Brasil profundizó esta semana el diálogo con grandes empresas chinas para atraer inversiones en los sectores de minería, energía e industria, con el objetivo de fortalecer la producción local, ampliar la capacidad tecnológica y consolidar su posición como la mayor economía de América Latina.
El ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira, encabezó una serie de reuniones con representantes de conglomerados chinos para explorar oportunidades de cooperación industrial y energética, incluyendo la instalación de nuevas plantas fabriles en territorio brasileño.
Entre los encuentros destacados, Silveira se reunió con ejecutivos del Grupo Sany, uno de los mayores conglomerados industriales del mundo en maquinaria pesada, equipos para minería y electrificación de operaciones industriales. Según el Ministerio de Minas y Energía, se analizaron oportunidades concretas para la creación de una nueva unidad industrial en Brasil dedicada a la producción, montaje y distribución de equipos para los sectores de construcción pesada, minería, petróleo, gas, energía y almacenamiento eléctrico.
De acuerdo con el comunicado oficial, el proyecto podría transformar a Brasil en un hub industrial y tecnológico de Sany para América Latina, fortaleciendo las cadenas productivas nacionales, promoviendo la transferencia de tecnología, la capacitación de mano de obra y un impacto directo en la generación de empleo y el aumento de ingresos.
En el marco de la reunión, la empresa también presentó soluciones en sistemas de almacenamiento de energía por baterías (BESS), considerados estratégicos para la expansión de las energías renovables, la estabilidad del sistema eléctrico y la seguridad de la matriz energética brasileña. Estas tecnologías están alineadas con la subasta de baterías prevista por el gobierno para los próximos meses, una iniciativa que busca reforzar la previsibilidad regulatoria y mejorar el clima de negocios.
Silveira también mantuvo un encuentro con LB Tan, chief customer officer y vicepresidente senior de Contemporary Amperex Technology Co. Limited (CATL), líder global en soluciones para la descarbonización. Según el ministerio, la reunión evidenció el interés internacional en las políticas brasileñas orientadas al almacenamiento de energía y al desarrollo de la cadena de minerales críticos, considerados estratégicos para la transición energética y la seguridad del Sistema Interconectado Nacional.
Además, el ministro dialogó con ejecutivos de Envision Energy, empresa líder en soluciones integradas para la transición energética, y con representantes de la China National Nuclear Corporation (CNNC), entre ellos el economista jefe Mingang Huang. En ese marco, se avanzó en el análisis de aplicaciones y desarrollo de pequeños reactores modulares, una tecnología que el gobierno brasileño considera relevante para diversificar la matriz energética y fortalecer la seguridad energética con fuentes de bajo carbono.
Brasil ha profundizado su relación económica con China en las últimas décadas, consolidando al país asiático como su principal socio comercial y una fuente relevante de inversiones en proyectos estratégicos. No obstante, el avance de empresas chinas en el mercado brasileño también ha generado cuestionamientos de compañías locales, que denuncian desequilibrios competitivos frente a firmas que acceden a financiamiento subsidiado.
Las críticas se extienden a diversos sectores. En el ámbito ferroviario, Vicente Abate, presidente de la Associação Brasileira da Indústria Ferroviária (Abifer), sostuvo que si bien no se rechaza la participación de empresas chinas en contratos públicos, se reclama que establezcan presencia física en Brasil, fabriquen localmente y utilicen la cadena productiva nacional para generar empleo e ingresos en el país.
En el sector siderúrgico, productores locales expresaron preocupación por el ingreso de grandes volúmenes de acero chino a precios subsidiados, lo que, según advierten, afecta la competitividad de la industria nacional.
Pese a estas tensiones, el gobierno brasileño ha mantenido hasta ahora una postura moderada frente a los desequilibrios, en un contexto en el que China se convirtió en un socio comercial clave y contribuyó a amortiguar el impacto de las tarifas impuestas por la administración de Donald Trump contra Brasil el año pasado.
La estrategia oficial apunta a capitalizar el interés chino en Brasil para atraer inversiones productivas, ampliar la capacidad industrial y tecnológica del país y acelerar la transición hacia una matriz energética más diversificada y de bajo carbono.
